domingo, 30 de noviembre de 2014

¿Está cambiando el clima leonés? (segunda parte)

En la última entrada vimos la evolución en las últimas décadas de las precipitaciones, temperaturas y heladas que se daban dentro del País Leonés ejemplificándolo en las provincias de León y Salamanca, concretamente en los observatorios de sus respectivos aeropuertos civiles, dado que son bastante precisos y tienen datos desde más tiempo que otros. Vamos a ampliar otros datos interesantes para cuantificar la variación del clima en los últimos años.


PRECIPITACIONES ANUALES
Dato clave para comprender si tendemos a la desertización o no.

En ambos casos apreciamos que las precipitaciones anuales caídas en ambos observatorios, tienden a la disminución. Esta disminución también hay que valorarla en función de cómo precipite el agua en los observatorios, sea nieve o lluvia.

LLUVIA
Tradicionalmente, y referenciándose en la capital, se considera que la provincia de Llión es la más húmeda de las tres leonesas, descendiendo el grado de humedad luego a Salamanca y finalmente a Zamora como la capital de provincia más seca. Los datos obtenidos en las estaciones de Salamanca y Llión arrojan datos que prueban una evolución interesante de los valores pluviométricos:




De los datos de ambas gráficas observamos que los días en que hay precipitaciones en forma de lluvia en Llión han evolucionado a su reducción, si bien en los últimos 20 años esa caída se ha frenado progresivamente para mostrar una muy ligera tendencia al incremento en los últimos 5 años. En Salamanca sin embargo apreciamos que, aunque con una ligera tendencia a la reducción, los días con precipitaciones en general se pueden considerar como estables en esos años.

NIEVE
El factor de precipitaciones de nieve se ha convertido en otro factor fundamental no solo para agricultura como elemento reservorio de agua para la primavera y verano, sino también como indicador clave de un hipotético calentamiento atmosférico. Aquí tenemos las gráficas de los dáis con nieve registrados en estas estaciones:



Mientras que en el observatorio de La Virgen del Camino (Llión) la nieve se mantiene estable con ligera tendencia a la disminución, en el de Matacán (Salamanca) denótase un sustancial incremento. Esto enlaza directamente con el hecho del aumento de días de helada registrados en Salamanca y su tendencia al alza en los últimos años.

CONCLUSIONES: SÍ HAY CAMBIO CLIMÁTICO
La primera conclusión evidente es que el clima está cambiando. No de igual modo ni con igual impacto en todas partes pero sí que se registran diferencias sensibles en algunos parámetros. Recordando lo visto en la anterior entrada, a nivel de temperaturas apreciamos una tendencia a suavizarse el clima en Llión sin alcanzar grandes diferencias entre las temperaturas extremas, mientras que en Salamanca los registros extremos aumentan en frecuencia.
Las precipitaciones en ambos casos se reducen en similares relaciones, pero esas precipitaciones además se concentran en días con más fuertes lluvias, dado que el número de días de lluvia se reduce, y en el caso de Salamanca en los días de nieve gracias al aumento de las heladas.
No hemos podido determinar el grado de humedad, otro factor fundamental para el mundo agrícola, pero a primer avista se podría deducir que en Llión la humedad aumenta por la reducción de las temperaturas máximas y elevación de las mínimas, mientras que en Salamanca se reduce. Esto es importante para comprender algunos cambios en la presencia de determinadas especies vegetales en zonas no cultivadas como tierras de adil o montes, donde en el caso de la provincia de Llión comienza a observarse el nacimiento de especies arbóreas que requieren mayores niveles de humedad (chopos, alisos, abedules...), mientras que en Salamanca esas tierras parecen tender a poblarse por especies más resistentes a las temperaturas extremas como arbustos, quercus y matorrales varios.

Lógicamente estas conclusiones son muy rápidas y a groso modo, pero el objetivo de estos dos artículos era mostrar que sí que hay un cambio en el clima leonés y que se está produciendo de un modo gradual si nos atenemos a los datos desde los años 40 del siglo XX. La pregunta es ¿es culpable el hombre o por el contrario es de origen natural? los expertos señalan inequívocamente el factor humano como responsable, los críticos lo matizan alegando que el hombre no genera tantas concentraciones de CO2 como lo hace por ejemplo la emisión de un volcán. Sea como fuere, el control de las emisiones de contaminación debería figurar en la agenda de trabajo de cualquier gobierno y fomentar el uso de energías no contaminantes y reducir su emisión a lo mínimo posible. Si no convence el argumento del cambio climático sí que lo puede hacer la calidad de vida, pues en esto nadie discute que un aire contaminado perjudica muy seriamente la salud.