sábado, 14 de mayo de 2016

Campo y ecología: mitos y realidades

La preocupación por la preservación del entorno y la obtención de productos alimenticios lo más saludables posibles han hecho que la agricultura y ganadería ecológica gane adeptos no solo entre los consumidores sino también entre los propios productores que ven no solo una alternativa en cuanto a forma de producción más respetuosa con la naturaleza, sino también un mercado en constante crecimiento que demanda prácticamente de todo.

En el debate sobre la posible firma del TTIP con Estados Unidos y Canadá, uno de las cuestiones que más aflora es la posible pérdida del peso ecológico en las producciones agrarias frente a las polítcas productivas estadounidenses supuestamente más laxas. Hoy no será tema a tratar este asunto, pero sí que es cierto que todas las políticas agrarias de la UE desde la primera gran reforma de la PAC en 1992 han tenido como objetivo no solo la independencia económica del agricultor y ganadero al margen de las ayudas públicas, sino también un respeto por los ecosistemas y procurar una agricultura y ganadería sostenible en el tiempo e integrada en el espacio natural en el que se encuentre.

Dicha preocupación no obstante ha chocado de frente con la necesidad también imperiosa de hacer competitivas las produccionesa agrarias europeas frente a las importadas, por ello renunciar a determinados sistemas de producción no ecológicos en pro de otros más rentables ha acabado pesando en muchos casos. Fijémonos que incluso la normativa europea establece que debe indicarse claramente el origen del producto ecológico en el etiquetado, aunque lamentablemente eso es la excepción a la norma porque lo más frecuente es un etiquetado genérico sin más citas geográficas que UE, comunidada autónoma (en el caso español) o incluso producto "no UE". ¿Qué garantías ecológicas proporciona un producto importado desde China, Irán o Turquía?
Sin embargo se han generado una serie de mitos, tanto entre detractores como defensores de la agricultura ecológica, que en algunas ocasiones deriva en debates y provoca confusión entre los consumidores. Por ello vamos a aportar algunos datos sobre los mitos y realidades entorno a ello.

MITOS DE LA AGRICULTURA Y GANADERÍA ECOLÓGICA
Los productos ecológicos tienen mejor sabor.
Falso. Pueden, o no, tener mejor sabor, la organolectia no tiene tanto que ver con el medio de producción sino con el proceso de maduración. Es factible la cría de tomates ecológicos bajo invernadero y sin embargo pecar del mismo proceso de maduración acelerado que otros tomates, teniendo por consiguiente un sabor menos intenso. Influyen también las variedades, el número de horas de sol recibidas, la composición del suelo, etc. Lo mismo se puede decir de las carnes ecológicas, cuyo sabor depende de la alimentación, edad del animal, estado físico...aunque la normativa establece que la ganadería ecológica debe tener espacio abiertos de pastoreo y vivienda, lo cierto es que tampoco deben de estar siempre sueltos, sino una parte del tiempo, no no imaginaríamos a las gallinas sueltas durante una gran nevada de invierno mientras siguen produciendo huevos. Es decir, la agricultura ecológica per sé no incide ni en su sabor ni en ninguna otra cualidad organoléptica.

La ganadería ecológica está libre de químicos y medicamentos
Falso. La ganadería ecológica, al igual que todas las cabañas ganaderas, son susceptibles de contagiarse o portar enfermedades. Por ello las normativas europeas establecen unas vacunaciones obligatorias en todos los animales. Del mismo modo que si enferma y necesita tratamiento deberá consumir los medicamentos preceptivos autorizados, salvo si hiciera tratamientos fitoterapéuticos u homeopáticos. Lo que en principio sí garantiza es una salubrididad y condiciones de vida más dignas para los animales, hecho que ya de por sí debería ser motivo más que suficiente para inclinarnos por estos productos dentro de lo posible.

La agricultura ecológica es garantía de libre de químicos en el producto
Falso. Aquí hemos de decir que la agricultura ecológica leonesa se regula mediante varias legislaciones. Por una parte está la normativa de la Unión Europea que establece diversas medidas para obtener el etiquetado de producto ecológico, son las leyes 834/2007 y 889/2007. Si tenemos la paciencia de leer dichas leyes, observaremos que no establecen normas específicas sino que son un conjunto de generalidades y definiciones amplias de cómo debe de ser la producción ecológica. Aquí, un párrafo muy interesante la ley 834/2007:

Es preciso facilitar la flexibilidad en cuanto a la aplicación de las normas de producción, a fin de permitir adaptar las normas y los requisitos ecológicos a las condiciones climáticas o geográficas locales, a las distintas prácticas agrarias y fases de desarrollo. Esto debe permitir la aplicación de normas excepcionales, pero solo dentro de los límites de condiciones específicas establecidas en la legislación comunitaria.

en el caso de la comunidad donde nos encontramos, la legislación se limita a considerar las recomendaciones de las anteriores leyes, no estableciendo normativa a mayores alguna para por ejemplo los productos manufacturados, en que se dictamina que para que tengan etiqueta ecológica basta con que la mayoría de sus componentes procedan de la agricultura ecológica, sin que ello impida el uso de otros productos.  

La modificación genética va en contra de la ecología
No tiene porqué. Primero hay que entender qué es un producto modificado genéticamente. Hoy se admite como tales los que son transformados en laboratorios mediante la introducción de genes de otras plantas o animales en la composición genómica de la planta, para favorecer uno o varios aspectos productivos o necesidades alimenticias. Estas modificaciones, y más de uno se llevará las manos a la cabeza, se llevan produciendo desde los orígenes de la agricultura y ganadería. Técnicas tan tradicionales como el injerto, los cruzamientos, las hibridcaciones (muy frecuentes para la obtención de plantas ornamentales) y otra infinidad de técnicas sin necesidad de microscopios ni laboratorios, han introducido genes en plantas y alterado su ADN sensiblemente. Consumimos decenas de frutas y verduras que son híbridos, algunas frutas ni siquiera existirían si no fuera por la hibridación como los pomelos, las clementinas o incluso determinadas nectarinas. La novedad actual es la introducción de genes de animales, desconocido hasta la fecha.

La modificación genética busca mejorar aspectos en la producción agraria a veces tan importantes como las necesidades hídricas de un cultivo. El maíz por ejemplo requiere notables aportes de agua para que el grano gane peso, además ese riego no puede ser por goteo ni localizado sino por aspersores, con toda la pérdida de agua que conlleva. Desarrollar variedades que requieran niveles de riego inferiores mejoraría el ecosistema, eso es evidente. Ahora bien, la contra que se establece entre las voces ecologistas es que estas variedades no se conoce su impacto en el ambiente, ni su posible hibridación natural con otras plantas. E incluso se aduce que algunas variedades modificadas son estériles y requieren ser compradas las semillas por el agricultor todos los años e incluso añadir determinados abonados y tratamientos específicos que, como es obvio, vende la empresa que tiene la patente de la planta. Dejo como reflexión que, curiosamente, esos peligros parecen no percibirse en las plantas ornamentales, que han sido canal de transmisión de muchas plagas y enfermedades para el campo por su carácter tropical, plantación masiva en jardines y hogares, y siendo muchas de ellas pura manipulación genética.

Por ello, la modificación genética no es necesariamente anti ecológico, pero sí que puede ser un factor de dependencia económica de los productores hacia determinadas empresas. Es más, la legislación europea al respecto de producciones ecológicas deja un resquicio a que un producto OMG pueda tener dicha etiqueta.

La agricultura ecológica es menos rentable que la convencional
Falso. Dependerá de las producciones y métodos. El uso de determinados químicos para el tratamiento de plagas ha tenidos dos consecuencias nefastas: la primera el incremento año tras año en el precio de los químicos, pero la segunda peor todavía es la generación de resistencias por parte de las plagas de insectos que hacen que cada año sean necesarias mayores dosis en los insecticidas para lograr el mismo resultado. La opción ecológica establece el uso, por ejemplo, de crías de la Coccinella septempunctata, un insecto cuyo nombre así sonará raro, pero si decimos en español "mariquita" o en lengua leonesa "maruxina" "vaquina de San Antón", "mariquina", "coquina", "cantamisina", "caracolín de dious", "carralina", "catalina", "sanina"...lo veremos de otro modo. Este insecto que ha inspirado tantas canciones y afectos infantiles es en realidad un depredador voraz de pulgones y otros insectos dañinos para las producciones agrarias. Su conservación y cría evita grandes gastos en fitosanitarios que redundan tanto en el ecosistema como en el bolsillo del agricultor.

Otro gasto a evitar es el no uso de plaguicidas para escarda química. Es el caso del famoso glifosato, un químico de muy amplio espectro y que ataca a las hojas eliminando en teoría todas las malas hierbas. Solo que el glifosato no sabe distinguir lo que es una "mala hierba" y afecta finalmente al cultivo. Su uso continuado genera restos minerales en el suelo, especialmente fosfatos, que alteran notablemente su composición y pH haciendo con el tiempo que pierdan fertilidad y rendimiento. La alternativa lógica, aunque más cara, es la escarda manual, pero si lo comparamos con el coste de abonados, volteos y labores mecánicas de subsolado así como periodos de reposo al que someter la tierra para que recupere nutrientes, quizás no sea tan rentable el glifosato.

La agricultura y ganadería ecológica garantizan la preservación del medio
Verdadero, con matices. Todas, absolutamente todas las acciones humanas en la Tierra generan huellas y daños, es totalmente inevitable. Por muy ecológico que sea usar cabras para limpiar zonas de pastos, no deja de ser otra acción humana que ha alterado un ecosistema para sustituirlo por otro, lo mismo que los cultivos.

Veamos un ejemplo muy claro de a qué punto una circunstancia histórica cambia un ecosistema. Para muchos, la imagen más arquetípica de Salamanca son sus dehesas dedicadas a la cría de toros y cerdos ibéricos. Sin embargo este ecosistema es muy moderno. En el siglo XVIII Salamanca pasa de un sistema de propiedad colectiva de tierras, como sucede en casi todo el País Leonés, a grandes latifundios por cuestiones de posesión entre diversos señoríos nobiliarios (destacando la Casa de Alba) y de la Iglesia, modelo que por otra parte, curiosamente se consolidó con la desamortización del siglo XIX para dejarnos en herencia el actual panorama de prados con arbolado de alcornoques y encinas. por lo tanto no son tradicionales ni ecológicas sino que son un ecosistema generado ex profeso para ello. El ejemplo anterior podríamos extenderlo incluso al Páramo, zona de agricultura intensiva donde la modificación humana llevó incluso al allanado de colinas y eliminación de toas las masas forestales a comienzos del siglo XX. Ahora bien, una vez que existe ese ecosistema propio, alterado o no, mantenerlo sin degradar el equilibrio se facilita con técnicas ecológicas.

¿Y QUÉ PASA CON LOS PRODUCTOS ECOLÓGICOS DE FUERA DE LA UE?
Si ambigüo es el concepto de ecológico a nivel de Unión Europea, pues no es igual legislación en la materia la alemana que la búlgara o letona, más podemos sorprendernos con la de otros estados. Es evidente que no es igual legislación la estadounidense, canadiense, suiza o australiana que la china o congoleña. La UE ha establecido un listado de códigos internacionales que en teoría deben tener los productos de importación y que cada estado exportador debe emitir para poder ser importados. Si cada estado productor aplica una norma, añadamos que cada estado europeo importador tiene diferentes requisitos según el origen. Y si a eso añadimos que existe el libre mercado interno, nos perderemos finalmente en un conjunto de supuestas garantías ecológicas que pueden quedar a veces en nada. Es decir, hay un origen, un importador, un estado europeo importador y luego un consumidor europeo ¿nos hemos liado, verdad?

Tomemos el caso de China:  si el producto chino ecológico es importado vía Estados Unidos, la normativa americana es terriblemente estricta con este país, al punto de que solo permite importar como ecológico productos agrarios transformados para alimentación humana y según qué estados. Si la importación es por ejemplo vía Australia, la legislación australiana solo permite animales vivos y productos transformados de consumo humano. Y atención, si el producto es vía directa desde Alemania, el estado germano permite toda clase de producto chino, desde animales vivos hasta acuicultura y algas, pasando por piensos animales y material vegetal para cultivos. Eso igual explica por qué hay tantísimos productos ecológicos en determinados supermercados alemanes con tan bajos precios y que se distribuyan tan fácilmente por toda Europa.


AGRICULTURA ECOLÓGICA O AGRICULTURA INTEGRAL. UN SÍ ROTUNDO.
En realidad, de lo que hay que hablar no es de agricultura ecológica, sino agricultura integral, una agricultura (y ganadería) que busca la explotación del medio con el menor impacto posible en el ecosistema. La agricultura ecológica o integral debe buscar también que el productor, agricultor o ganadero, tenga el mayor beneficio posible con los menores costes posibles y eso implica que sus medios de producción, incluyendo la tierra, le duren con las mejores condiciones el mayor tiempo posible. Es un principio básico de la economía. Cuanto menos gastos en abonados, modificaciones de suelo, fitosanitarios y sistémicos se use, mejor para el entorno y mejor para el productor. Todas esas medidas que favorecen el mantenimiento de los ecosistemas y la fijación de la población redundan en el bien de todos, nos afecta en la economía global positivamente y mejora absolutamente todos los aspectos, máxime cuando estamos hablando de algo tan básico en cualquier economía como es la conservación del sector primario.

El fomento y consumo de dichos productos redunda en beneficio de todos. La UE puede y debe fomentar la agricultura y ganadería ecológica vía subvenciones, persiguiendo la sostenibilidad del ecosistema en el sentido más amplio de la palabra, lo cual incluye desde la fijación de población hastsa la conervación y mantenimiento de las viviendas humanas y construcciones agrícolas tradicionales. Eso sí, debiendo vigilarse lo que en mi modesta opinión es una legislación con demasiados coladeros que favorece a unos y perjudica a otros.

sábado, 13 de febrero de 2016

CULTIVOS NETAMENTE LEONESES: EL MAÍZ

El maíz, la maíz, la panoya, el miyu...son diversas denominaciones para un cereal que cada día copa más superficie de cultivo. De ser un cereal casi desconocido en gran parte de la geografía leonesa, se está conviertiendo poco a poco en el cereal de referencia, desbancando de tal honor a los tradicionales trigo o cebada.

EL PAÍS LEONÉS, EL MAYOR PRODUCTOR ESPAÑOL DE MAÍZ
Las cifras acerca de la superficie y producción del maíz son apabullantes: en 2014, la provincia de León era la que mayor superficie de maíz concentraba de todo el estado, pero es que Zamora le sigue aunque a bastante distancia, lo mismo que Salamanca. Entre las tres provincias hay 104.506 hectáreas cultivadas exclusivamente para maíz, lo que supone el 87% de la superficie de toda la comunidad autónoma. Estos dos gráficos lo dejan bastante en evidencia:




A nivel de estado, solo Huesca se acerca a la producción y superficie de maíz, pero a bastante distancia, con 45.192 hectáreas. Solo la provincia de León produjo más maíz y en más superficie que toda Aragón. Salamanca es la provincia con mayores rendimientos, gracias a su clima algo más cálido de media durante todo el año.

Ante estos datos la pregunta sería ¿Por qué del éxito del maíz? Esta pregunta se responde analizando diversos factores que influyen en el éxito:

Historia
Aunque el maíz, originario de México probablemente de la región de Oaxaca, provenía de un clima más bien húmedo y templado, se adaptó muy fácilmente al clima peninsular. Hay quien dice que fue cultivado de inmediato ya en el siglo XVI a los pocos años del descubrimiento del continenete americano. Los primeros cultivos de maíz fueron en Galicia, pero también en Andalucía en incluso Cataluña, lo cual ya nos adelantaba la fácil adaptación del cereal americano. Finalmente, el asentamiento tradicional del maíz fue en la cornisa cantábrica, especialmente Galicia (los territorios marítimos) y Asturias, lugares donde se cultivó de forma tradicional.  Son típicas las imágenes de las panoyas colgando en los hórreos.
La llegada al suelo leonés fue muy tardía y poco significativa, por cuanto se prefería el cultivo de otros cereales como el trigo, cebada y centeno por su mayor rendimiento económico y porque en suelos más bien secos se producía en mayor abundancia. Además hay que tener en cuenta que el maíz fue considerado hasta el siglo XIX como un cereal muy secundario de apenas uso alimentario.

¿Qué pasó en el siglo XIX? la revolución industrial cambió las ciudades, y estas demandaron carne que debía llegar en cantidades cada vez mayores desde el campo. El maíz era un excelente cereal para el engorde del ganado. Esto nos da paso al otro factor.

Alimentación de ganado
En España el uso del maíz como cereal de engorde se popularizó en los años 60 y comienzos de los 70, si bien todavía se consideraba un alimento relativamente caro frente a los piensos compuestos. Sin embargo, estos piensos, compuestos no solo de cereales sino incluso de restos cárnicos o de pescado, provocaron problemas de salubridad llegando a extremos como los de la encefalopatía espongiforme o mal de las vacas locas. Tras la prohibición de algunos de estos compuestos en el pienso, el uso de cereales ganó fuerzas inusitadas.

Regadío
La orografía del País Leonés y su abundancia en ríos ha permitido la ejecución de pantanos numerosos y de gran caudal, que permiten el riego más que abundante de cualquier clase de cultivo. El maíz, si bien puede cultivarse en secano, sus rendimientos están muy lejos de los que se obtienen con regadío. Lo cierto es que a día de hoy, en ninguna parte de cultiva maíz en secano, siendo este último método extinto a finales de los años 80. Añadamos la tradición ganadera ampliamente arraigada en cualquiera de nuestras provincias, y obtendremos el escenario perfecto para ser tierra de cultivo del maíz.

Mejoras genéticas y en técnicas de cultivo
El regadío y su mejora en cuanto a la aplicación (recordemos que el maíz se riega siempre por aspersión) facilita que con un gasto de agua, digamos que no excesivo, se pueda regar y mantener una parcela. Sumemos la aplicación de fitosanitarios a través del agua, que agiliza y economiza los gastos de su aplicación. El maíz es igualmente un cereal de referencia en Estados Unidos y Canadá, tanto para consumo humano como animal. Por ello las empresas químicas investigan mejoras en la calidad y producción del maíz, lo que ha permitido mayores rendimientos si cabe. Valga de dato el último record en cuanto a producción, logrado precisamente en una finca leonesa de Melgar De Abajo con una producción de 22.288,9 kg/ha, muy superior a cualquier otro rendimiento registrado hatsa la fecha con una nueva variedad de la compañía Monsanto.
José Manuel Raposo, el agricultor que obtuvo el record de rendimiento de maíz (Diario de León).

CARA Y CRUZ DEL MAÍZ
Los beneficios que reporta el cultivo del maíz son obvios:
  • Mantenimiento del sector primario y agricultores.
  • Fuente de ingresos económicos rentable con mantenimiento ajustado.
  • Fijación de población en las áreas rurales donde se culiva.
  • Acceso a grano de maíz para alimentación de ganado próximo a la zona de producción con la consecuente reducción en costes y contaminación por transportes.
  • Industria derivada de maquinaria agrícola.
Los perjuicios también existen:
  • La tendencia al monocultivo genera depedencia hacia el mismo y sus evoluciones en el mercado en cuanto a precio de compra.
  • Las actuales producciones solo son posibles gracias a los regadíos, y para la obtención de regadíos han sido necesarias tanto obras públicas de canales de riego como la inundación de numerosos valles para la obtención de presas y pantanos, con el consiguiente impacto ambiental y hasta en cierto modo alteración del clima. De esto último voy a destacar el trabajo de Ana Fe Astorga González, del Departamento de Geografía de la Universidad de León, quien ejemplificando con los pantanos de Luna, Vegamián y Riaño, concluye en la pérdida de días de heladas, reducción de las temperaturas extremas y aumento de los niveles de humedad ambiental con sus fenómenos metereológicos asociados (nieblas y escarchas).
  • Para la ejecución de algunos de esos pantanos, fue necesaria la destrucción por completo de localidades enteras, con el consiguiente desplazamiento de sus habitantes. Son los casos de Riaño o Luna.
  • Por último, y quizás el más polémico, sea la dependencia de los agricultores respecto a las semillas mejoradas, dependencia que bien se puede hacer extensible incluso en abonados y fitosanitarios específicos para dicha variedad. Además el maíz, por su alta rentabilidad, es de los cultivos que más experimentos se han desarrollado en lo se refiere a modificación genética, con fincas controladas para su experimentación. Modificaciones que han sido criticadas por ecologistas por sus efectos en el entorno pero también en la alimentación humana y sus hipotéticos riesgos para la salud.
El maíz en definitiva es, hoy por hoy, el cultivo estrella del solar leonés, y desde luego que el cambio que ha dado al mundo rural leonés ha sido espectacular en todos los aspectos.

jueves, 27 de agosto de 2015

El sector lácteo leonés: causas de su crisis

El conjunto del País Leonés ha sido y es referente en cuanto al sector ganadero, tanto en producción de carne como de otros derivados de la ganadería (leche, lana, cuero...). De las tres provincias leonesas, León y Zamora (por este orden) han sido las grandes productoras de leche, mientras que Salamanca se ha inclinado más a la producción cárnica. Actualmente el sector atraviesa una grave crisis que no es sinola fase final de un largo proceso de lo que se puede calificar como graves errores en la gestión de la producción láctea tanto por parte de la UE como en especial por parte del gobierno central español y en extremo de la junta de Castilla y León que no han sabido encontrar una salida ni una rentabilidad -que la tiene- al modo de vida de miles de leoneses.

Hasta la entrada en la UE de España, el conjunto del País Leonés era un gran productor de leche dentro del estado. Podemos afirmar que, después de Galicia y Asturias, y por este orden, la leche leonesa era la de mayor peso específico. A eso añadamos otros factores fundamentales como la existencia de razas vacunas propias de la que conviene destacar la mantequera leonesa, raza que producía una leche con un índice de materia grasa superior al 6% y que por cuestiones de mercado y demandas de los consumidores, fue relegándose a un segundo puesto hasta su total desaparición fechada hacia los años 80 del siglo XX.
fuente: wikipedia.
La leche y la cuota láctea
Aunque la entrada en la UE de España supuso toda una revolución en el mundo agrario, en el lácteo fue aún mayor dado que introducía el concepto de cuota de producción. Consistía en un volumen de producción que se asignaba a cada estado en un reparto algo desigual e injusto, por cuanto primaba las producciones de los estados más veteranos (caso de Holanda, Dinamarca y la todopoderosa Francia) sin tener en cuenta las realidades socioeconómicas de los nuevos miembros. Ejemplo de esto es que hasta 1990, la leche española se exportaba en un 80% de su producción, por su menor coste frente a los estados europeos antes citados. La cuota asignada se distribuía entre las comunidades autónomas, usando el criterio de producciones preexistentes, y éstas las volvían a redistribuir internamente entre los productores censados en sus respectivos territorios. Lo más curioso es que la UE distinguía entre la leche de origen vacuno de las de ovino o caprino, quedando estas últimas fuera de la cuotas de producción. Y eso tuvo sus consecuencias que veremos en otra entrada.

La cuota de producción no fue la única regularización del sector que se llevó a cabo: medidas de carácter higiénico y salubridad, de densidad por explotación así como incluso de transporte o métodos extractivos, se fueron introduciendo en la vida de la ganadería, mejorando lógicamente la calidad de vida de los animales y de las producciones, pero por el otro incrementando los costes de producción. Eso trajo consigo dos consecuencias casi inmediatas: la primera fue la pérdida de miles de cabezas de vacuno explotadas para leche en pequeñas explotaciones familiares para irse concentrando con los años en las medianas y grandes explotaciones. La segunda todavía más interesante fue que esas explotaciones lácteas se desplazaron de las zonas de montaña a zonas más sur y orientales, regiones que tenían a la vez más próximas las producciones de cereales de engorde del ganado. Lo podemos comprobar en la tabla siguiente referido a la provincia de León, aunque con evolución extrapolable a Zamora:



1.989
2.009
DIFERENCIA
EXPLOTACIONES
CABEZAS
EXPLOTACIONES
CABEZAS
EXPLOTACIONES
CABEZAS
>=  0.1 a < 1 ha
628
1.501
113
1.996
-515
495
>= 1 a < 5 ha
4.292
16.153
199
2.899
-4.093
-13.254
>= 5 a < 10 ha
3.891
24.510
169
2.733
-3.722
-21.777
10 a 20 ha
3.671
37.503
317
10.218
-3.354
-27.285
20 a 50 ha
2.063
28.289
556
27.262
-1.507
-1.027
50 a 100 ha
519
7.386
410
30.148
-109
22.762
>=100
111
2.674
307
32.636
196
29.962

¿Cómo han variado las cabañas vacunas leonesas?
Vamos a verlo con algunos datos cuanto menos curiosos que reflejan a qué punto la cabaña ganadera leonesa ha evolucionado en un espacio de tiempo relativamente corto.


censo total
vaca de ordeño
vacas
frisonas
otras razas
no ordeño
1986
158.847
49.904
48.556
3.445
1987
161.661
51.999
47.832
3.326
1988
156.984
46.260
51.593
4.065
1989
162.278
50.124
45.916
4.329
1990
146.328
50.316
35.058
5.415
1991
132.377
45.591
30.676
4.966
1992
110.754
33.825
29.100
8.937
1993
113.415
36.530
14.399
15.211
1994
126.727
37.852
21.120
16.313
1995
135.461
41.906
18.959
19.959
1996
129.608
38.828
15.243
19.257
1997
136.019
48.129
8.974
21.639
1998
115.612
34.071
11.844
17.632
1999
142.437
47.871
12.243
25.501
2000
149.968
49.184
17.136
28.061
2001
150.135
38.025
9.922
25.983
2002
159.919
26.846
11.881
38.041
2003
169.163
35.346
10.952
38.715
2004
128.842
27.302
7.233
31.207
2005
126.353
22.386
9.415
30.078
2006
122.079
25.739
6.004
31.949
2007
143.234
25.739
6.196
40.104
2008
113.134
23.086
2.728
35.818
2009
112.350
19.789
557
30.634
2010
118.142
23.411
1.893
34.744
2011
121.511
25.130
235
31.772
2012
121.511
27.427
0
32.319

Hasta 1986, la variedad de razas vacunas de ordeño en suelo leonés era amplio, podríamos decir que casi todas las razas se aprovechaban para leche y carne a la vez: sanabresa, parda, alistana, roxa, frisona...todas valían para todo, incluso para trabajo. Con el tiempo la raza frisona se convirtió en la raza de referencia para la producción de leche e hizo desaparecer de las estadísticas al resto de razas que se dedicaron a la producción de carne. La razón es simple, la frisona es una raza con altos rendimientos en cuanto a producción de leche, pero para carne no se adapta bien ni al clima de montaña ni al pastoreo extensivo, sucediendo todo lo contrario en las razas más tradicionales del País Leonés.
fuente: wikipedia.
 Ahora veamos otra tabla todavía más interesante:


Producción láctea
(miles de litros)
Ratio prod.
vaca lechera (miles litros/)
carne bovina (t/canal)
Ratio carne por cabeza bovina
1986
298.041
3,0
6.961
2,02
1987
240.579
2,4
9.762
2,94
1988
266.433
2,7
8.284
2,04
1989
306.746
3,2
7.476
1,73
1990
286.622
3,4
11.199
2,07
1991
351.249
4,6
13.109
2,64
1992
272.961
4,3
12.691
1,42
1993
248.506
4,9
9.523
0,63
1994
206.430
3,5
9.442
0,58
1995
240.643
4,0
10.543
0,53
1996
259.437
4,8
14.517
0,75
1997
247.416
4,3
9.462,6
0,44
1998
219.838
4,8
16.682
0,95
1999
191.326
3,2
17.088
0,67
2000
189.666
2,9
17.860
0,64
2001
248.557
5,2
18.231
0,70
2002
246.219
6,4
15.762,1
0,41
2003
210.544
4,5
17.542,7
0,45
2004
250.125
7,2
14.686,0
0,47
2005
238.227
7,5
10.587,2
0,35
2006
221.254
7,0
9.061,0
0,28
2007
221.646
6,9
8.706,9
0,22
2008
264.458
10,2
7.934,2
0,13
2009
253.967
12,5
7.828
0,26
2010
248.361
9,8
7.101,4
0,20
2011
241.489
9,5
7497.8
0,24
2012
229.886
8,4
6.876,7
0,21

si bien la producción ha decaído ligeramente, la producción por animal se ha multiplicado casi tres veces, gracias a su concentración en la raza frisona. Por otro lado, apreciamos que la producción de carne es en menor cuantía por cabeza, y esto se origina en que las carnes se buscan de mayor calidad (que es lo que demanda el mercado), mucho más magras que antes y estas requieren regímenes de semiestabulado o pastoreo y no de estabulado como era lo más frecuente.

¿Cuánto ganaba un ganadero con la leche?
Finalmente vamos a ver otro dato también muy interesante y que ha sido motivo de polémicas mediáticas y reclamaciones de los ganaderos, el precio percibido en euros por cada 100 litros:


1986
21,74
1987
21,20
1988
22,96
1989
26,91
1990
22,80
1991
21,66
1992
21,68
1993
23,63
1994
26,39
1995
27,26
1996
27,44
1997
27,87
1998
29,22
1999
28,38
2000
28,20
2001
31,60
2002
29,50
2003
31,19
2004
31,68
2005
31,25
2006
30,51
2007
36,41
2008
39,08
2009
30,02
2010
30,03
2011
32,3
2012
31,35

Las cifras son las oficiales marcadas por el Ministerio de Agricultura y la Junta de Castilla y León. Es de las poquísimas producciones agrarias en que el precio se ha ido incrementando con los años. Ahora bien, el dato es engañoso, pues no se tiene en cuenta ni el incremento del IPC ni de los costes fijos para el ganadero que han subido año tras año, no reflejándose realmente la pérdida de ingresos. Si hacemos la conversión a euros constantes con base en 1986, obtenemos estos valores:


1986
21,74
1987
19,87
1988
20,32
1989
22,08
1990
17,43
1991
15,43
1992
14,62
1993
15,37
1994
16,61
1995
16,64
1996
16,35
1997
16,26
1998
16,93
1999
16,17
2000
15,78
2001
17,34
2002
15,91
2003
16,49
2004
16,62
2005
16,12
2006
15,42
2007
18,18
2008
19,04
2009
14,62
2010
14,53
2011
15,34
2012
14,72

¿Cómo se comercializaba la leche hasta ahora?
Lo explicaremos a muy grosso modo: la práctica totalidad de ganaderos lácteos tenían su producción comprometida con una empresa láctea, bien a través de cooperativas de producción (caso de la desaparecida como tal Gaza en Zamora o Lar en León) o bien a través de empresas lácteas (Central Lechera Asturiana, Pascual, Lauki, President...). Dichas empresas pactaban unos precios con el ganadero de compra y a cambio se le exigía unas producciones con unas condiciones de calidad de leche. Vender la leche de modo particular era tarea casi imposible dado que se establecían unas cuotas repartidas en función de producciones previas y cabezas censadas, y si se excedían la multa era la consecuencia, y quienes dictaminaban en última instancia esas producciones eran las empresas lácteas.
fuente: web Gaza
Las empresas lácteas a su vez se encontraban con otro problema y era el precio final de venta al público, distorsionado por las grandes cadenas de distribución alimentaria (Carrefour, Corte Inglés...) que competían en el precio más bajo. El resultado era que el consumidor se encontraba con un paquete de leche a precios muy bajos, pero con márgenes para la empresa envasadora de mínimos, por lo que finalmente recortaba el precio al ganadero que era en última instancia el gran perjudicado.

Y sin embargo, y con todo, el sistema de cuotas garantizaba que al menos la actividad pudiera mantenerse gracias al círculo establecido de oferta y demanda cerrada en un producto como era la leche de gran consumo diario, además de saber de antemano el precio que se iba a recibir.

¿Por qué se genera la Marcha Blanca?
Con la entrada en vigor este año de la quinta reforma de la PAC (la llamada PAC 2020), se eliminan las cuotas de producción y se intenta liberalizar al máximo el sector. Eso trae consigo que puede producir leche quien quiera, venderla al precio que lo desee y en la cantidad y modo que se quiera. Dicha liberalización debería redundar en el consumidor en una leche más barata, cosa que el tiempo determinará si es así o no, pero lo que está claro es que el primer perjudicado es el productor, pues ya no tiene garantizada la venta de su producción, y de venderla es casi seguro que su precio se irá reduciendo a medida que la batalla por el precio para el consumidor de la leche envasada siga cayendo. A esto sumar que sus gastos serán por los menos los mismos de ahora si no más.
 Fuente: leonoticias.com
Por ello, y ante un futuro muy incierto del que lo más probable es que se salde con el cierre de cientos de explotaciones, los ganaderos leoneses se movilizan solicitando que el estado se implique en la defensa de un sector estratégico no solo para la economía sino para la alimentación básica de la población como es el lácteo.

¿Qué soluciones caben?
Es muy difícil aportar una solución clara y digamos que definitiva para el sector. El problema de partida ha sido la existencia de la cuota láctea que ha limitado el libre desarrollo, cuando pudo tener en su momento ayudas a ganaderos o por cabeza de ganado. Aquí algunas de las propuestas que se barajan:
  • precio mínimo de compra: totalmente inviable legalmente en toda la UE dado que es un sector liberalizado. Los precios mínimos de compra, garantes en muchas ocasiones de producciones y la renta agraria del campo, desaparecerán previsiblemente en 2020 de todas las producciones.
  • Ayudas según modelo francés: es una propuesta bastante aclamada por parte de algunos sectores ganaderos y sindicatos agrarios, pero hay que aclarar que tampoco es como se pinta. Por un lado no es cierto que exista un precio mínimo pues ya dijimos que es legalmente imposible al ser un sector liberalizado. Lo que sí hay es una ayuda por cabeza de explotación consistente en 34 euros, que se incrementan en otros 10 euros si inicias la explotación láctea. Esas ayudas se incrementan hasta los 71 euros si la explotación está en regiones desfavorecidas (zonas de montaña) que a su vez pueden sumar otros 15 euros anuales por cabeza durante tres años más si inician la explotación. La cuestión es que la explotación láctea leonesa no se concentra mayoritariamente en las zonas desfavorecidas leonesas de montaña sino en las desfavorecidas por niveles de población (ver listado de municipios desfavorecidos) así que de implantarse esta medida habrá que tener en cuenta ese hecho.
  • Ayudas propuestas por el gobierno español: aunque todo son propuestas en el aire, el gobierno español propone una ayuda de hasta 300 euros por cabeza de vacuno lácteo que se tenga, cifra muy superior al modelo francés y que sí que sería una garantía real de pervivencia de las explotaciones. sin más datos ni condiciones al respecto, podemos temer que es una ayuda demasiado cuantiosa respecto a lo ofertado incluso en épocas anteriores desde Bruselas, organismo con mayor liquidez que el Ministerio de Agricultura, por lo que su carácter netamente electoralista dada la proximidad de elecciones es por ahora el mejor calificativo.
El consumo de las marcas propias: caso de Central Lechera Asturiana
Los ganaderos leoneses quieren que el consumidor opte por el consumo de leche leonesa. Actualmente en el País Leonés existen tres empresas lácteas envasadoras: Gaza (Zamora), Lar (León) y Lactiber (León), siendo esta última envasadora en exclusiva de la leche de Mercadona. Gaza pasó de ser una cooperativa de éxito a una empresa privada por decisión de sus socios. Lar es la única cooperativa existente y por ahora la que más trabaja en pro de los ganaderos de la provincia de León, no sin ciertas controversias. A mayores podríamos citar las marcas de leche fresca como La Praderina, que todavía no acaban de arrancar entre los consumidores dado su mayor precio.

Podemos resaltar el caso de Central Lechera Asturiana que es la marca más vendida en Asturias, sea de productos lácteos o no, incluso por encima de otras marcas dominantes como Coca-Cola. El público asturiano asume que es una marca de leche, asturiana, que trabaja con lácteos asturianos (si bien tienen ganaderos de más lugares), y la propia marca recalca machaconamente su origen geográfico. Todo ello a pesar de que no es la más barata del mercado frente a marcas blancas y otras de menor precio. Los beneficios son claros: más de 6.000 ganaderos son productores de la marca y unos 1.110 trabajadores vinculados a la recogida y manufactura de la leche y derivados.
Fuente: web Central Lechera Asturiana
Si un leonés quisiera comprar leche leonesa envasada en suelo leonés, deberá escoger entre las tres envasadoras, aparte de los pequeños productores como La Praderina citada antes. Lactiber es fácil, simplemente es acudir a cualquier supermercado de Mercadona y adquirir su marca propia. Gaza se ha acogido bajo el sello Tierra de Sabor e incluso envasa una leche con dicha marca y etiquetada como "leche de Castilla y León", y en teoría debería ser leche de cualquier origen dentro de dicha comunidad.

En último lugar está Lar, que si bien comenzó publicitándose como "la buena leche leonesa", al final se acogió al sello Tierra de Sabor e incluso se rumoreó que envasaba leche marca Tierra de Sabor, con toda la polémica que generó al respecto de pérdida de identidad e incluso rechazo de los consumidores al desconocer dicha marca. La cooperativa tuvo que salir al paso de tales acusaciones (http://www.diariodeleon.es/noticias/provincia/lar-desmarca-tierra-sabor_668018.html). Con todo, lo cierto es que es una leche de escasa distribución en las grandes cadenas alimentarias que además debe competir en precios con marcas blancas, y cuyo envasado, quitando el léon, tampoco destaca su origen como sí hace su competidora asturiana.
fuente: web de Lar
Por ello, lo que podría ser una solución puente (o definitiva) mientras el mercado se regula, el fomento del consumo de marcas propias, puede encontrarse con el eterno problema leonés de renegar de lo propio y aplaudir lo vecino, o que simplemente lo que hay propio no acaba de convencer. Volvamos a recordar el caso de Central Lechera Asturiana, que es la más vendida en Asturias y el por qué. Futuro incierto espera a nuestros ganaderos.