lunes, 28 de julio de 2014

La imposible vuelta al campo


Gay de Liébana, famoso economista por salir en el programa de televisión La Sexta Noche, es conocido por dar charlas magistrales acerca de la economía y de posibles salidas a la crisis. En Salamanca dijo que las administraciones deberían prestar más atención al sector agrario tras décadas de promover la migración hacia las ciudades.

Desde que comenzara la crisis, hubo bastantes voces que ponían como solución simplemente "volver al pueblo" y empezar a cultivar uno mismo los productos diarios. Incluso se ilustraba con experiencias de entes que tras sufrir profundamente las consecuencias de la crisis, decidían volver a sus pueblos de origen y comenzaban a vivir de su tierra mientra se ensalzaba la solidaridad de los vecinos del pueblo regalándote los productos sobrantes. Algo menos utópico era la propuesta de re-centrarse en el sector primario como motor económico de una economía hiperinflada. Pero las cosas no son tan simples.

La economía leonesa no ha sido netamente rural en los últimos 30 años. Podría estirar la cifra hasta los años 60 del siglo XX, para entender que los leoneses, en el conjunto de su economía, no vivían del campo aunque éste supusiera un peso importante en el conjunto de la economía, peso por otra parte menguante año tras año.

Si nos centramos en la provincia de León, apreciamos que por ejemplo en 1985 la agricultura suponía el 19,86% de la economía provincial. En el año 2012 ese sector primario se reducía al 4,15%, mientras que servicios e industria aumentaban año tras año su participación. Esa disminución también lo es en cuanto a agricultores, en 1989 había 59.283 titulares de explotaciones agrícolas mientras que en 2012 quedaban 8.200 titulares.

El sector agrario leonés, como el de cualquier otro de Europa, es dependiente en buena parte de las decisiones que se tomen sobre la Política Agraria común, conocida como PAC, y que determina en algunos casos incluso la rentabilidad o no de un cultivo en base a ayudas, cuotas de producción o incluso incentivo para el abandono del campo. En la actualidad, el 25% de los ingresos de un agricultor provienen de ayudas, al contrario que antes de la entrada en la Unión Europea donde ese porcentaje apenas suponía un 2%.

Para que ese campo tenga rentabilidad, el campo leonés se ha concentrado en las grandes explotaciones, tanto por superficie en la agricultura como en número de cabezas en la ganadería. Los pequeños huertos y las fincas medianas de poca producción son recuerdos del pasado o simple pasatiempo de fin de semana de sus dueños ya urbanitas. Hay mucho más, requisitos veterinarios e instalaciones mecanizadas para alimentación y/o ordeño, ventas mediante contratos con productoras cárnicas, compra de pienso...etc. en un agricultor la compra de maquinaria moderna, semillas certificadas, abonos, plaguicidas y pesticidas...una inversión cada vez más creciente para obtener rentabilidad. Es mentalidad empresarial, hablamos ya de empresas y productores agrarios a una escala para nada de pequeño agricultor ni humilde pastor.

Por lo tanto la propuesta de Gay de Liébana choca de frente con una realidad menos bucólica de la que se quiere enfocar por parte de algunos desencantados. Para tener una agricultura no solo abastecedora sino además rentable, se deben hacer grandes inversiones, lejos del alcance de un inversor pequeño. Hablamos tanto de tierras como de instalaciones, más luego su mantenimiento y posterior venta, añadiendo los lógicos riesgos del clima o enfermedades. Y eso sin considerar las posibles competencias de productos foráneos, como el caso de las legumbres, mayoritariamente importadas desde América, curiosamente por empresas leonesas que bien podrían abastecerse del mercado local. ¿Y por qué no lo hacen? simplemente porque ni hay producción suficiente y ésta no es rentable por mucha mejor calidad que tenga. Luego está el factor de la demanda del consumidor, que opta finalmente por la opción económica y no por la calidad la mayoría de las veces.

El campo no se abandonó por comodidad, sino porque no era rentable bajo el modelo antiguo de agricultura de supervivencia. El moderno de campo actual es empresarial, tecnificado y de altos rendimientos. Su vuelta, como salida a la crisis, no parece una opción ni rentable ni práctica.

miércoles, 23 de julio de 2014

QUÉ ES UN ADIL

Cuando me planteé el hacer un blog sobre el mundo agrario leonés, y supongo que todo el mundo le pasará lo mismo, era primero cómo llamarlo. Como amante de la cultura leonesa, intenté recuperar aquellas palabras o expresiones vinculadas con el campo y que fueran netamente leonesas.

Finalmente escogí adil, una palabra que hace referencia a un terreno que está sin cultivar pero que no necesariamente sea improductivo, sino que se puede decir que está en descanso o simplemente es que no hay necesidad de plantarlo. Es una palabra netamente leonesa, y salvo error, no está recogida en ningún otro lugar que no sea León o Zamora. Me dicen que Existen palabras equivalentes en castellano, barbecho, pero no es exacto. Y aquí entramos en esos matices que cargan de significado a una palabra:

barbecho es una tierra que se deja descansar dentro de una rotación de cultivos. Tradicionalmente solía ser plantación de cereal por varios años y uno o dos años de leguminosas o bien de descanso sin cultivo, que es esto último el propiamente barbecho. Por lo tanto la tierra en barbecho es productiva, está en uso pero en descanso.

El adil es también una tierra no cultivada, pero no buscando el objetivo de descanso, sino simplemente sin cultivo. Y al contrario que en el barbecho, donde se hacen algunas labores de rotura del suelo y arado para mejorar su calidad y airearla, en el adil no se hace labor alguna.

Aquí podría aparecer la cuestión de que en el fondo son sinónimos, pero son los propios agricultores los que los distinguen. En cierta ocasión, cerca del pueblo de Alija de la Ribera, hablando un poco de todo con un agricultor, me dijo que estaba esperando a ver si se plantaban unas tierras que tenía en adil. Mi desconocimiento me hizo señalarle a unas tierras sin cultivar próximas a nosotros y le pregunté "¿qué están, como éstas?", a lo que me respondió "no, estas están en barbecho".

Entonces ¿cuál es la diferencia? pues no es tan sencilla de explicar, pues variará un poco del agriculor y la zona. Algunos vocabularios de leonés lo describen como simplemente tierras sin cultivar, otros como tierras que ya no tienen uso pero fueron agrícolas antes. Incluso otros apuntan a tierras agrícolas que ahora están llenas de matas y hierbas. Responden estas descripciones más bien a lo que se percibe en el lugar que realmente a una definición común.

Su presencia como palabra se circunscribe en exclusiva a la provincia de León y Zamora, si bien en ninguna de las dos en todo su territorio. En León se queda en su parte central, noreste, sur y gran parte del este. En Zamora a la parte norte, centro norte y el oeste excluyendo gran parte de Sanabria y Sayago. No se ha documentado la palabra en Salamanca, pero quien sabe. En las zonas de montaña y el occidente leonés se puede denominar a estas tierras "pousa", "fuelga", "guelga" y "folgáu".

A esta palabra le añadiremos también un cierto origen desconocido. Mientras que el filólogo Urdiales Campos apunta a un posible origen árabe, otros filólogos como el leonés Morala Rodríguez discrepan de ello basándose en su escasa distribución geográfica y más en un territorio cuya presencia árabe no fue dominante, por lo que proponen que derive de algún vocablo prerromano relacionado con la rotación de cultivos. Julia Miranda, en otra investigación sobre toponimia menor del Esla, señala que bien pudiera ser una palabra del latín aridus al que se le añade el sufijo adjetivo -ilis, derivando en aridilis por asimilación fonética del grupo -rd-. Esa derivación latina parece un poco más cuestionable si tenemos en cuenta que existe documentación muy temprana (siglo XII) con la palabra "atile".

En cualquier caso una adil no será este blog, que espero pueda llenar de información, datos y curiosidades sobre el mundo agrario leonés. Que nun caiga n'adil.